Con la publicación de Del barro al polvo, su primer libro de poesía en Cartografías, Natalia Rubino inicia un nuevo recorrido público para una escritura que la acompaña desde la adolescencia. Su poemario —atravesado por la búsqueda espiritual, la pregunta por lo divino y la experiencia del límite— se inscribe en una tradición que dialoga con la mística, la filosofía y una reflexión íntima sobre el lenguaje y el silencio. La aparición de este libro marca un punto de inflexión: el paso de una escritura vivida como refugio personal a una palabra que decide abrirse al encuentro con otros lectores.

En esta entrevista, Rubino recorre el origen de su vínculo con la poesía, el modo en que filosofía, fe, ciencias y literatura se entrelazan en su mirada del mundo, y el proceso de construcción del libro: desde los talleres y las lecturas compartidas hasta la búsqueda de un concepto ordenador que le diera forma y unidad. También reflexiona sobre sus influencias, el sentido del título y las expectativas que acompañan este debut, pensado como una invitación al diálogo, a la experiencia estética y, quizás, a una resonancia espiritual en quien se acerque a leerlo.

-¿Desde cuándo escribís poesía?

Escribo desde los quince años. Antes no me animaba a escribir, porque era muy tímida. Creo que la relación con la escritura empieza con la lectura y el amor por esas historias que uno lee. Quizás empieza por algo sencillo como un cuento que te regalaron en la infancia o un pequeño poema en una revista infantil.

Solía leer mucho desde niña y memorizaba poemas que luego recitaba a mi familia. El primer contacto con un libro y poder leerlo por mí misma fue una experiencia que me dio mucha felicidad. Los libros encierran un misterio para mí, son la apertura a otros mundos. También imaginaba historias, cambiaba los finales de las películas y vivía en una realidad paralela donde mi casa se transformaba en los lugares de las historias que leía. Fantaseaba con escribir, porque no sólo amaba esos mundos a los que te abre un libro, sino que también solía leer análisis de las obras y biografías de los autores, todo lo cual me fue interesando en lo que había detrás del libro y quien lo había ideado.La lectura y la escritura fueron desde siempre mi refugio y mi espacio de libertad.

-¿Cómo dialogan en vos la filosofía y la literatura?

Hay cuestiones filosóficas que me interesaban incluso antes de conocer la filosofía. Hay una experiencia que tuve de niña de Dios que me llevó a preguntarme por la existencia del mundo, el sentido, fragilidad y finitud de la vida, la importancia del autoconocimiento y de los vínculos, tanto con los demás, como con la naturaleza y la relación con lo divino.

También al escribir uno explora el vínculo con el lenguaje, la imposibilidad de expresar con exactitud lo que se evoca. Tuve interés en distintas filosofías religiosas, como el budismo, el taoísmo y el hinduismo. En general todo lo vinculado a lo espiritual o religioso me interesaba. También me interesaba el psicoanálisis, la historia, la antropología, la sociología y la política.

El estudiar Veterinaria me hacía interesarme por lo vivo, el equilibrio entre salud y enfermedad, reflexiones en torno a la muerte, el dolor, comprender la fisiología de los animales e incluso fenómenos microscópicos que posibilitan la vida. Me interesaba por las Ciencias Naturales, quería tanto comprender los fenómenos del universo, como la evolución o fenómenos físico-químicos. Mi paso por Veterinaria fue filosófico, porque en el fondo me hacía planteos filosóficos: el vínculo entre lo finito y lo infinito, qué hace a lo vivo e incluso cuestiones vinculadas con la bioética.

La mayor parte de mi vida he sido y soy católica practicante, pero he tenido dos grandes crisis en que me alejé de Dios, lo que me hizo explorar otras respuestas, particularmente interesarme por el existencialismo. Todo ese bagaje de experiencias vitales y lecturas encontraron un marco ordenador al empezar Filosofía, lo cual abrió nuevas preguntas y posibilidades insospechadas que fuerzan los límites de lo que solía preguntarme para ampliarlo en nuevos horizontes.

La filosofía permite entender los andamiajes sobre los que se sostiene el pensamiento del hombre, sus límites y sus posibilidades que buscan adecuarse para responder a las preguntas más fundamentales y cruciales de la humanidad. Todo esto de modo inconsciente al principio ya se vislumbraba en lo que escribía, pero la filosofía te vuelve consciente de esa estructura conceptual que sostiene un modo de ver el mundo, para volverlo explícito y poder abrir nuevos interrogantes y habilitar un modo coherente de pensar y habitar el mundo. Seguramente todo lo que pueda decir que me aportado la filosofía a lo que escribo va a resultar insuficiente, pero hay muchos autores que fueron inspiradores, como Platón, los estoicos, los primeros padres de la iglesia, filósofos medievales, sobretodo del siglo XIII, Hume, Hegel, Wittgenstein, Foucault, Heidegger, Ricoeur y Gadamer, solo por mencionar algunos.

-¿Por qué decidiste avanzar con la publicación de tus poemas? ¿Cómo fue el proceso de armado del libro, la organización de los poemas, la búsqueda de un concepto ordenador?

Siempre soñé con publicar un libro, por este amor que sentía por los libros y sus autores. Tenía un vínculo muy intimista con mi escritura y me parecía que en algún momento debía compartirlo con otras personas, que a lo mejor algo de lo que escribía tendría algún sentido para otros. El proceso se inició al asistir a talleres tanto de narrativa como de poesía y al sentirme alentada tanto por los profesores, como por los compañeros del taller con devoluciones que me resultaban sorprendentes por lo favorables, ya que no esperaba que lo que escribía generara lo que generaba en quienes lo escuchaban.

Cuando asistí al taller “La inspiración no existe” a cargo de Joaquín Vázquez la propuesta era armar un proyecto de libro y ahí se inició la selección de poemas, en paralelo que se daban nuevas consignas, que posibilitarin que nuevos poemas fueran surgiendo en el transcurso del taller. Pasé de esta experiencia intimista con la escritura a una experiencia colectiva de construcción del libro, gracias al taller, porque se hizo en un diálogo con otros, en el que hay instancias en que se se escuchaba lo que otros hacen y sus devoluciones, incluso los silencios, los gestos que son reveladores cuando se lee la propia poesía, también permiten que se revise lo escrito y continuamente, se aprende del otro.

Terminado el taller, continué con una tutoría con Joaquín, cuyas apreciaciones y correcciones me ayudaron a darle un orden coherente y unidad a la obra, precisando detalles.

El concepto ordenador del libro es en función de la idea de itinerario, de un caminar por mi alma y mi trayectoria vital y literaria, inspirado en el Itinerarium in mentis deum de San Buenaventura, aunque la imagen del camino es una idea que está muy arraigada en el cristianismo y que de niña me interesó como metáfora de la existencia. Tomé como principio ordenador el título de uno de mis poemas “Del barro al polvo” y decidí dividirlo en dos partes. La primer parte “Del barro” incluye poemas que hablan de una búsqueda, diversas respuestas a esa búsqueda y son más oscuros y caóticos. La segunda parte “Al polvo” habla del encuentro con lo divino y el sentido, en su mayoría poemas más minimalistas que exploran la precisión en la selección de palabras, para aproximarse más al silencio, porque la palabra resulta insuficiente por lo excesivo de la experiencia.

-¿Nos contás en detalle acerca del título del poemario?

El título, como mencioné antes, se inspira en uno de los poemas del libro, cuyo tema es el encuentro del amor, de modo que funciona como bisagra y principio ordenador. El libro despliega la idea de un camino vital. El inicio de este camino tiene sus reminiscencias bíblicas: el barro como la materia desde la que Dios conforma al hombre y cuyo inicio parece confuso y es un permanente buscar para darle forma a la propia experiencia vital a través de búsquedas variadas, para que luego de un encuentro con lo divino y el sentido, dar lugar a la segunda parte.

El polvo también es una imagen con reminiscencias bíblicas: “polvo eres y en polvo te convertrás” (Gen 3, 19). En esta parte los poemas se vuelven más simple, en el anhelo de despojarse de todo aquello que sobra y abrazar la paz y el silencio, aún en el dolor. Hacia el final, la existencia es un puñado de polvo que se desparrama tras una ráfaga de viento que se lo lleva consigo.

-¿Cuáles son tus lecturas, tus influencias literarias en este poemario?

Mis lecturas han sido variadas, desde la obra de Tabaré de Juan Zorrilla de San Martín, que causó profunda impresión en mí, hasta la antología de Antonio Machado, Baldomero Fernández Moreno, Federico García Lorca, Amado Nervo y Lord Byron cuando era más chica, para luego conocer autores latinoamericanos, como Neruda, Benedetti, Jaramillo Agudelo y Sabines y poetas argentinos, como Borges, Gelman y Oliverio Girondo. Dos poetas que influenciaron la mística de mis poemas son Rabindranath Tagore y Mahmud Darwish. Soy deudora de muchos autores que probablemente no recuerde. Hay autores que he leido principalmente su obra narrativa, pero que también son una influencia en cuanto a las temáticas y el estilo, la imposibilidad del amor de Noches Blancas de Dostoievsky y Cumbres Borrascosas de Emily Bronte, la ruptura en las formas y los estilos del Quijote de Cervantes, Caterva de Juan Filloy, Rayuela de Cortázar, En el camino de Kerouac, La llama doble de Octavio Paz y El Ulises de Joyce, el misterio de La isla de Morel de Bioy Casares, la oscuridad de “Cuentos de amor, locura y muerte” de  Horacio Quiroga. También soy deudora de filósofos, desde los clásicos hasta los posmodernos, entre ellos, mencionaré una obra literaria en la que existencialismo y espiritualidad se entrecruzan: “Vida y aventura de Alexis Zorba” de Kazantzakis, que descubrí por la película “Zorba el griego”. También hay muchas obras de autores católicos que me han inspirado, mencionaré principalmente “Sabiduría de un pobre” de Eloi Leclerc, el Itinerarium de S. Buenaventura, las Florecillas y el Cántico a las criaturas de San Francisco de Asís, El castillo interior de Sta Teresa de Ávila, Historia de un alma de Sta Teresa del Niño Jesús, los Ejercicios Espirituales de San ignacio de Loyola y “Plegarias para el despertar” de Steindl-Rast.  Además de la literatura, mucha inspiración viene de otras formas del arte: el cine, la pintura y la música.

-¿Cuáles son tus expectativas con el libro, qué te gustaría que pase?

Me gusta pensar en este libro como una botella que un náufrago lanza al mar desde una isla silenciosa que espera llegar a manos del lector sin muchas pretensiones más que la de entrar en diálogo con la vida de ese otro y, ojalá, resultar una experiencia estética significativa e incluso, espiritual.

-Lo que quieras sumar, bienvenido…

También este libro lo pensé como un homenaje a esa niña y adolesecente que amaba introducirse en esos mundos de la literatura, que habitaba y soñaba en ellos, que dialogaba con otros autores, vivos y muertos, entretejiendo su existencia con la de ellos. La escritura y la lectura fueron y son, como dije antes, un espacio de refugio y de libertad, que pueden resultar el refugio y la libertad de un otro que busca encontrar su propia voz silenciada. También lo pensé como testamento, porque atravesé por una enfermedad muy grave y eso me hizo pensar más en compartir lo que escribía para que no muriera conmigo.