Poesía reunida (1908 – 1939), de Héctor Pedro Blomberg

Prólogo de Santiago Sylvester, edición y notas de Alberto Cisnero, Editorial Barnacle, Buenos Aires, 2025, 420 páginas.

Héctor Pedro Blomberg fue uno de los grandes animadores de la vida cultural argentina durante la primera mitad del siglo XX. Nacido en 1890 en el barrio porteño de Monserrat, estudió en el Colegio Nacional Central (luego renombrado Nacional Buenos Aires) y pasó luego por la Facultad de Derecho. Periodista de oficio y viajero incansable, apasionado de la historia argentina —en particular del siglo XIX, el rosismo y la historia naval—, fue ante todo un escritor de literatura versátil y prolífico. Escribió teatro, cuentos, novelas, poemas y canciones, estas últimas incluidas en Canciones históricas, uno de los once poemarios que Blomberg publicó desde 1908. Ese año inició su derrotero poético con Flor salvaje, poemario recuperado en esta Poesía reunida gracias a la pesquisa del poeta y editor Alberto Cisnero. Este primer dato es indicativo de la significación de este libro y da indicio de su valor, ya que Blomberg, autor de obras que se ganaron en su momento el aprecio de amplias muchedumbres, es en la actualidad poco leído y apenas mencionado en las antologías de poesía argentina, las cuales dan de él alguna que otra muestra recurriendo a la infaltable “La pulpera de Santa Lucía”. La falta de presencia de sus libros para los lectores de la nueva generación es la carencia que viene a reparar este volumen, en cuyo prólogo Santiago Sylvester enfatiza su valía y necesidad.

Esta Poesía reunida no es “completa”, ya que el editor no pudo dar con dos de los títulos mencionados por los bibliógrafos de Blomberg: La canción lejana y Los poemas de la tierra. Sí incluye completos los poemarios Flor salvaje, A la deriva, Gaviotas perdidas, Bajo la cruz del sur, Las islas de la inquietud, El pastor de estrellas, Poesías, Canciones históricas y Cantos navales, evitando la repetición de poemas que se publicaron en más de un libro.

Desde el punto de vista de las elecciones estéticas, la poesía de Blomberg encuentra su originalidad en cierta independencia con respecto a los movimientos o escuelas que fructificaron en el contexto de sus años de actividad. Si, por un lado, se refiere en muchos poemas a lejanas tierras orientales, no asume el exotismo de la estética modernista. Más que lánguidas evocaciones o fantasiosas recreaciones palaciegas, Blomberg narra viajes reales y el encuentro cara a cara con marinos chinos fumadores de opio, recreando aventuras cargadas de vitalismo, crudeza y dramatismo no exento de sordidez. Los puertos, el júbilo y el desahogo de los marineros, sus costumbres, sus vidas legendarias y breves se repiten en poemas que proliferan y se deslizan con vivacidad, aprovechando la riqueza de los metros castellanos y tomando el impulso del vaivén de la rima, que rara vez abandonan.

Por otro lado, los libros Bajo la cruz del sur y Las islas de la inquietud, escritos durante el auge del vanguardismo poético ultraísta, no asumen las premisas que los impulsores de esa escuela propusieron. No es que Blomberg desdeñe la imagen poética que promovían los vanguardistas, sino que no la enrarece como ellos ni la ofrece desprovista de conectores hasta el extrañamiento que vira hacia lo expresionista o surrealista. Los poemas de Blomberg, vívidos y sensoriales, se desarrollan al modo de romances —cuentan una historia— y fluyen, de rima en rima, casi invitando al lector a darles la viva voz que antecede al canto. Sus centenares de poemas narran en pocas palabras vidas heroicas y legendarias, historias de mujeres errantes o sometidas, historias de heroínas y de bellas fatales, trágicos amores y desamores que la memoria colectiva guarda y el poeta recrea.

Personajes como la “tirana unitaria”, la “bordadora de San Telmo” y la tocaya de Camila O’Gorman, cuyo espectro se evoca, dan el material perfecto para el melodrama que hizo las delicias del público. Esa puede ser una de las razones —y así lo va mostrando Cisnero en sus notas— por las cuales colegas y académicos le quitaron mérito a la obra de Blomberg. Cisnero recupera un temprano elogio de Borges que luego aparece desmentido en un comentario cargado de maledicencia, si es que podemos fiarnos de los apuntes de Bioy Casares en su diario citando los dichos de su amigo. También hay un juicio de Beatriz Sarlo, quien explica el éxito de Blomberg más por las limitaciones de su público que por sus méritos estéticos. Por último, Cisnero se encarga de dejar en claro su convicción de lector al evocar un ambiguo reconocimiento de Raúl González Tuñón hacia Blomberg. En la hipótesis de Cisnero, Tuñón —pero no solo él— le debe al autor de El pastor de estrellas más de lo que está dispuesto a reconocer.

Al leerlo, a nosotros también nos resuena la voz de Baldomero Fernández Moreno, sobre todo en los poemas que evocan los barrios y personajes porteños, y nos parece que un Enrique Molina ha navegado también las aguas líricas de Blomberg. En todo caso, cada lector encontrará las conexiones y resonancias de acuerdo con su biblioteca interna y su oído. Y, hablando de oído y de canciones, hay que decir que esta Poesía reunida aparece en sintonía con dos acontecimientos que demuestran la vitalidad de la poesía de Blomberg. Por un lado, en 2021 Mariano Llinás filmó el documental Corsini interpreta a Blomberg y Maciel. Se trata de una regrabación de ese disco, cuyas canciones interpreta el cantante Pablo Dacal. Un tiempo antes, en 2018, Juan “el Tata” Cedrón había grabado un disco musicalizando poemas de Blomberg, titulado Jamaica Marú.

Aquí, un enlace a la versión de “Las dos irlandesas” que hizo Cedrón y un poema de Blomberg en homenaje a su amigo Benito Quinquela Martín.

“Día luminoso”, B. Quinquela Martín

“Día luminoso”, B. Quinquela Martín

A Quinquela Martín, pintor de navíos

Bienvenido otra vez a la ribera

donde en tus sueños y los sueños míos

cantaba la nostalgia de los mares,

pintor de los navíos.

 

Llevaste por los claros horizontes,

por las tierras soleadas y lejanas,

tus buques muertos, y la vida nueva

cantaba en sus mesanas.

 

En el dolor inmóvil de tus naves

el soplo de tu amor volcó un conjuro,

y en tus barcos de ensueño sopló un viento:

el viento del futuro,

 

porque fueron tus trágicos navíos

nuevas y victoriosas carabelas;

cruzaste el mar con ellos, y los soles

cuajáronse en tus velas.

 

Sol de España y los viejos navegantes

despejó tus crepúsculos de bruma:

tus cascos moribundos revivían

al canto de la espuma.

(“Día luminoso”, B. Quinquela Martín)

 

¡A cuántas viejas playas arribaron!

Echaron anclas bajo tantos cielos…

nuestras almas de lejos saludaban,

ondeaban los pañuelos.

 

Bienvenido otra vez a la ribera

donde en tus sueños y los sueños míos

cantaba la nostalgia de los mares,

pintor de los navíos.

Por Pablo Dema