Hay libros que desde el título ya están diciendo cómo quieren ser leídos. UECO no es un error: es sonido. Es transcripción oral. Es lengua en estado de intemperie.
Tal como sucedió con Sangre subjetiva, en este nuevo libro de poesía, que es una coedición entre Editorial Cartografías y ediciones la yunta, Luis O. Tedesco vuelve a poner en juego su apuesta radical por el idioma: una poesía que entrevera lunfardo, gauchesca, lengua plebeya, literatura popular, tango; que torsiona la métrica, que trabaja el endecasílabo como quien amasa barro; que hace del léxico una zona de combate y celebración.
En UECO, el lenguaje no ilustra: acontece.
Es el arrasado, el asesinado,
el nunca yaserá de sus potreros
en el chau danzarín de las palabras.
Así envejece, sobrevive,
intimidá en la vasta mercancía,
acurrucado en el margen lacerado,
Ueco desaparece sin vacío.
Y también:
Ni las sombras tramontan en el ueco,
el yo miedoso es pasta de palabras,
satírico sinfín de la epopeya.
Aquí, donde escribo, su nunca impera,
lastra, deshabita, busca su lejos,
ese barro que purga pensamiento.

UECO, de Luis O. Tedesco
Nacido en Buenos Aires en 1941, Luis O. Tedesco es una de las voces más personales de la poesía argentina. Editor de larga trayectoria, autor de libros fundamentales como Hablar mestizo en lírica indecisa, Malón en cautiverio, Poesía política, Sangre subjetiva y Agua negra la noche, entre muchos otros, ha sido distinguido con el Premio Domingo Faustino Sarmiento (Senado de la Nación), el Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional y el Diploma al Mérito de la Fundación Konex.
Sobre su obra, el poeta Sandro Barrella habló del “Léxico-Tedesco”: una masa mestiza que reúne palabras en uso y en desuso, neologismos, giros de malevaje, resonancias arcaicas. Una lengua que no se deja domesticar.
Alejandro Cesario, coeditor de la yunta, lo dice con claridad: “Hay que leer a Tedesco porque es una poesía que vigoriza la lengua, donde la palabra siempre se vuelve palabra poética.”
UECO continúa ese trabajo de décadas: modelar un idioma propio hasta volverlo fraterno. Un libro donde la lengua no se pule: se arriesga.