En tiempo inalcanzable, de Jorge Rodríguez Hidalgo

de Jorge Rodríguez Hidalgo

El libro nació de breves notas que el autor iba tomando año a año, cuando llevaba a uno de sus hijos a una escuela de verano, localizada en la tarraconense Sierra de Prades, en la cuenca de Barberá. Con el tiempo, estas notas se revelaron como fugaces percepciones fijadas en la escritura de la lengua social del poeta como paisajes interiores, en los que la naturaleza y la carne conforman un todo en constante disolución y transformación; un territorio etéreo, donde «no hay soledad, sino inhóspitas incógnitas» de sonidos y perfumes; un lugar, un espacio sin cielo, en el que, acaso, el ser humano no importa como tal, porque es parte de esa naturaleza en perenne mudanza, que, más allá de la roca, «que elude la angustia del vértigo» y deja que el liquen inscriba el «alfabeto de la soledad», se abra a ese espacio de la memoria sin recuerdo, donde «anida la sombra», «el reverso de la luz» (…)

Antonio tello

  • Edición: 2025
  • Páginas: 100
  • ISBN: 978-987-3800-55-9
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Descripción

El libro nació de breves notas que el autor iba tomando año a año, cuando llevaba a uno de sus hijos a una escuela de verano, localizada en la tarraconense Sierra de Prades, en la cuenca de Barberá. Con el tiempo, estas notas se revelaron como fugaces percepciones fijadas en la escritura de la lengua social del poeta como paisajes interiores, en los que la naturaleza y la carne conforman un todo en constante disolución y transformación; un territorio etéreo, donde «no hay soledad, sino inhóspitas incógnitas» de sonidos y perfumes; un lugar, un espacio sin cielo, en el que, acaso, el ser humano no importa como tal, porque es parte de esa naturaleza en perenne mudanza, que, más allá de la roca, «que elude la angustia del vértigo» y deja que el liquen inscriba el «alfabeto de la soledad», se abra a ese espacio de la memoria sin recuerdo, donde «anida la sombra», «el reverso de la luz». La misma luz que, en algún momento, empapa la piedra. En esta tesitura, no es capricho que «En tiempo inalcanzable» esté dedicado «a mis muertos, naturaleza amada», ni que el primer poema citado lleve el pie «hacia lo inalcanzable». Todo vive, según este poema como un latido de la vida, según la tradición panteísta de los románticos alemanes e incluso en la más reciente tradición poética catalana, según Rodríguez Hidalgo, se encarga de testificar a lo largo del libro.

Un libro que contribuirá (o debería contribuir finalmente) al reconocimiento de un poeta (Humanódromo, 1997, La sobriedad de la distancia, 2004, El follador del puerto, 2015) inmerecidamente situado en el «reverso de la luz» por el prejuicio de la capilla, pero cuya producción tiene tanta poesía que atraviesa inmune la incandescencia que quema a las polillas.

Antonio Tello

(*)Coeditado con ediciones la yunta