Descripción
Se ha dicho mucho sobre el amor, y es lo peor. En nombre de esos dichos se han fabricado fervorosos desastres. Va de nuevo: se ha dicho mucho sobre el amor y “creemos”, digo junto a Soledad, “creemos/ que eso es posible”. Se ha dicho, de parecido modo, algo sobre la poesía y “creemos/ que eso es posible”. Y si, ¿acordamos que no hay nada para acordar más que acordar que no hay nada para acordar? Salvando la tautología ¿Y si empezamos por ahí? ¿Y si jugamos a que empezaríamos en lugar de continuar? ¿Y si jugásemos a que perderíamos las formas incluso en que algo se asume como comienzo? ¿Y si el amor es un desdecidor? ¿Un efecto del desmontaje? ¿Y si la poesía es una desdecidora también? ¿No será ahí donde en un imprevisto punto más probablemente dislocado se tocan y se confunden, poesía y amor? ¿No será esa una práctica fundada no en lo que comienza sino en lo que va perdiéndose? Va de nuevo ¿Y si la pérdida es condición para que algo del amor venga a suceder? ¿Sucede, el amor, pudiendo volver a su no suceder? ¿El amor es necesario? No. ¿Es posible? No. ¿Es imposible? Tampoco. ¿Y si la pérdida de todas nuestras expectativas deviene reinvención de lo que vamos a decir? ¿Y si la poesía es un ejercicio de desdecir que funda, imprevistamente, un tiempo en que todavía “resta aire de grito”? ¿Y si decir era solo “aire de grito”? ¿Y si el poema, ama eso? ¿Y si es el poema el que ama? ¿Y si era solo el poema el único que amó? ¿Y si somos, nosotros, su accidente? Cómo no hacer pasar la pregunta que el poema todo el tiempo está haciéndonos. Voy a decirle a Sole que su libro “es una epidemia de lucidez
Gabriel Pantoja