Una guarida frente a los temporales. A propósito de El latido que pulsa entre tus cosas, de Paula Jiménez España. Bardos, Córdoba, 2024
1.
Mientras leía El latido que pulsa entre tus cosas, de Paula Jiménez España, se me ocurrió, de súbito, lo que sigue: “Esto es Bellessi ciento por ciento”. Lo sentí así, de inmediato, sin interposiciones conceptuales y, por lo tanto, no escribo esa sensación abrupta (esa modestísima epifanía) como un gesto de reprobación sino, más bien, como el reconocimiento de un tono femenino (y feminista) en la poesía argentina contemporánea (escrita por mujeres) que proviene de la poética de Diana Bellessi y está presente, revivido, poderoso en los poemas últimos de Paula Jiménez España. Hay un linaje activo, una genealogía en marcha. De allí, entonces, procede el barroquismo que recorre sus versos; libres de parámetros métricos, fluyen plásticos y sensibles, asombrados y ardientes.
2.
Jacques Rancière sostiene que, en el régimen estético de identificación de las artes, el que se corresponde con el término “modernidad”, el que asimismo fija la singularidad extrema del arte, el aparato productivo (poiesis) se une inmediatamente a los afectos sensibles (aesthesis).
¿A qué viene este excurso raudo, pretenciosamente filosófico?
Quiere hacer las veces de un preámbulo (de una apertura de paraguas) destinado a disminuir las consecuencias de la lectura que establece una relación directa entre los procedimientos de composición del poema y sus efectos estéticos. Trato de personalizar esta respuesta con otra pregunta sencilla y, acaso por eso mismo, bastante brusca. ¿Por qué me gustan tanto estos poemas si estoy advertido (por Rancière) de que el embelesamiento que causan en mí no depende, necesariamente, de cómo están hechos?
No obstante, creo que la sintaxis alambicada que urde sus versos, la preeminencia de los encabalgamientos, el uso reiterado (y eficaz) del hipérbaton me llevan a prestar atención a los temas que, al igual que los procedimientos mencionados, resultan tradicionalmente poéticos: el beatus ille (la celebración de una vida alejada del bullicio urbano), el paso irrefutable del tiempo, la nostalgia por la fugacidad de la juventud, la evocación de los muertos queridos, la contingencia prodigiosa del amor, la maternidad como un acontecimiento extraordinario.
Lo novedoso en El latido que pulsa entre tus cosas proviene de un vínculo furtivo con la tradición. Y ese lazo –que puedo sentir y nombrar; que no puedo explicar, salvo apenas- me atrae, me conmociona, me deleita. Pero, acaso, ¿no es ese acoplamiento secreto, esa mezcla impropia, esa confusión de sensaciones incorregibles y razones difusas lo que caracteriza a la lectura de poesía?
3.
El latido que pulsa entre tus cosas (el título proviene de un verso del poema titulado “Mi amigo albañil”) está divido en dos partes (“Si naciera otra vez” y “La morada de la tierra”) y agrupa dieciocho poemas. “Mudanza”, el poema inaugural, en sus versos iniciales, postula la tensión que articula el libro entero: “Cuando vinimos a vivir entre los árboles/ apareció la muerte”. Designan una circunstancia temporal signada por una intrusión inesperada. Instalarse en un ámbito silvestre y apacible no impide que la muerte suceda. No se está fuera de peligro en ningún lugar ni en ningún momento, y la poesía consiste en una atención erizada y un lenguaje altamente receptivo que captura el relampaguear del peligro para testimoniar la irrupción de una experiencia irreductible, por más cercana e inmediata que resulte.
4.
En El latido que pulsa entre tus cosas, Jiménez España habla de la naturaleza (de árboles, pájaros y animales que se nombran con exactitud) a partir de una cercanía íntima con la misma, la cual deviene un entorno bucólico y acogedor. Distanciándose de la descripción paisajística, construye un espacio poético, delicadamente labrado por hallazgos verbales y rítmicos, por imágenes y cadencias que potencian la percepción visual y auditiva de quien las lee: “Miro por la ventana/ la tarde que declina y, más allá/ entre los brazos de la magnolia canta/ un bicho feo que despliega el plumaje/ dorado en el aire invernal” (“Un largo invierno”).
5.
Ese ámbito idílico y hospitalario donde se vive se constituye, asimismo, en un lugar de enunciación: se escribe desde allí y -en lo que desde allí se escribe- se conjugan dos actitudes: la atención, destinada a capturar micro-acontecimientos del presente, y la reminiscencia, orientada a recuperar personajes y escenarios del pasado. Dos actitudes y dos temporalidades que determinan, a la vez, dos tipos de figuraciones del yo poético. La de un testigo sensible a lo inmediato, a su irrupción e inminencia; la de un memorialista que recuerda lo que ya no existe, pero cuya tenacidad resulta irrevocable. Dos tonos, también: el que apresa la contingencia de lo que se presenta raudo, y así se deja celebrar; el que, con una acentuación elegíaca, rememora, y hace de lo ausente un motivo para que la poesía se encienda: “Qué suave era tu voz, qué dulcemente/ el canto tuyo hizo su nido en mí/ en ese instante último, cuando podría haber dicho/ palabras de cariño para vos/ pero elegí callarlas…” (“Fernando vuelve en sueños”).
Esas actitudes, esas temporalidades, esas figuraciones, que se anudan y tensan, urden un enclave de enunciación que muestra (sin aludirlo) el tema principal de El latido que pulsa entre tus cosas, que no es otro que la inequívoca necesidad de la poesía.
6.
Mediante la construcción de un espacio poético, producto de la sensibilidad y la imaginación, que se deja leer (mirar y oír), El latido que pulsa entre tus cosas nos dice algo insoslayable acerca de la poesía, la que, plena de afectos, circula por este libro. ¿Qué nos dice? ¿Qué nos hace sentir y conocer acerca de ella? Que la escritura funciona como una malla de protección, de resguardo. Que es una tarea de cuidado, ante todo, de las palabras y de los seres vivientes (y no sólo humanos), en la que se aúnan el pulular intenso del presente y la inercia del pasado. Que en lo quebradizo y accidental la existencia asume su finitud y se embellece. Como si en su discurrir, en el continuo transcurso de sus sonidos e imágenes, anidara, cauta y silenciosa, una promesa de futuro: “La poesía/ como siempre concebida en un exilio/ en la imaginación reparadora/ se hizo guarida frente a los temporales” (“Buenos Aires, 1989/ México, 2023”).